Hablemos sobre Autoestima
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Cuando hablamos de autoestima, solemos pensar en seguridad, confianza o en “sentirnos bien con nosotros mismos”.
Pero la autoestima es más compleja.
Tiene que ver con la valoración que hacemos de nosotros mismos y con la forma en que interpretamos nuestros errores, límites, logros y dificultades, y sobre todo, con qué ocurre con esa valoración cuando las cosas no salen como esperábamos.
Cuando nuestro valor depende de lo que hacemos
Es fácil construir una autoestima condicionada:
“Soy valioso/a cuando tengo éxito.” “Soy suficiente cuando los demás me eligen.” “Si me equivoco, significa que no soy capaz.”
Mientras todo funciona, podemos sentirnos bien, pero cuando aparece un fracaso, una crítica, un rechazo o una comparación, nuestra percepción de nosotros mismos puede cambiar rápidamente.
El problema no es querer mejorar, es convertir cada resultado en un juicio sobre nuestro valor personal.
La voz con la que te hablas importa
Muchas veces somos mucho más exigentes con nosotros mismos que con cualquier otra persona.
Un error puede convertirse en: “Siempre hago todo mal.”
Una dificultad puede transformarse en: “No soy capaz.”
Una experiencia de rechazo en: “Hay algo malo en mí.”
La autoestima también se construye en esos momentos. No consiste en decirnos que todo está bien, sino en aprender a distinguir entre: “Hice algo que no me gustó” y “Hay algo malo en mí.”
No son lo mismo.
Autoestima no significa gustarte todo el tiempo
Una autoestima saludable no requiere sentirse seguro/a todos los días, puedes reconocer tus dificultades sin despreciarte, puedes aceptar una crítica sin convertirla en una sentencia o puedes querer cambiar algo de ti sin creer que necesitas convertirte en otra persona para merecer respeto.
La autoestima se vuelve más estable cuando nuestro valor deja de depender constantemente de la aprobación, el rendimiento o la comparación.
¿Cómo empezar a fortalecerla?
En lugar de preguntarte solamente “¿cómo puedo sentirme mejor conmigo?”, puede ser más útil observar cómo te relacionas contigo cuando no te sientes bien.
Puedes empezar por:
cuestionar la forma en que te hablas
reconocer tus logros sin minimizarlos
permitirte equivocarte sin convertir el error en identidad
identificar cuándo estás buscando aprobación externa
establecer límites que protejan tu bienestar
practicar una mirada más equilibrada hacia tus fortalezas y dificultades
No se trata de pensar positivamente todo el tiempo. Se trata de aprender a mirarte con mayor honestidad y menos crueldad.
¿Cómo puede ayudar la terapia?
En terapia podemos explorar de dónde vienen ciertas creencias sobre ti mismo/a y cómo continúan influyendo en tus relaciones, decisiones y emociones. También podemos trabajar patrones como la autocrítica, el perfeccionismo, la comparación, el miedo al rechazo o la necesidad constante de aprobación.
El objetivo no es construir una versión idealizada de ti. Es desarrollar una relación contigo que pueda sostener tanto lo que te gusta de ti como aquello que todavía estás aprendiendo a aceptar o cambiar.
Quizás la autoestima no se trata de sentir que eres suficiente
Quizás se trata de dejar de sentir que tienes que demostrar constantemente que lo eres. Tu valor no aumenta cuando tienes éxito ni desaparece cuando cometes un error y aprender esto no significa dejar de crecer, significa poder crecer sin tener que estar en guerra contigo mismo/a.
Este artículo tiene fines educativos y no sustituye una evaluación psicológica o médica individual. Si tienes preocupaciones sobre tu salud mental o física, busca orientación de un profesional cualificado.
