Nuestra mente tiene una capacidad extraordinaria para viajar.
Puede volver una y otra vez a algo que ocurrió ayer, anticipar conversaciones que todavía no suceden o imaginar distintos escenarios sobre lo que podría pasar mañana.
Esta capacidad nos ayuda a planificar, aprender y resolver problemas. Pero cuando pasamos gran parte del tiempo atrapados en lo que ocurrió o preocupados por lo que podría ocurrir, podemos perder contacto con el único momento que realmente estamos viviendo: el presente.
Mindfulness, o atención plena, es una práctica que nos invita a volver a ese momento.
No significa dejar de pensar ni intentar sentirnos tranquilos todo el tiempo.
Significa aprender a prestar atención de manera intencional a lo que está ocurriendo, con curiosidad y sin juzgarlo inmediatamente.
¿Qué significa realmente practicar mindfulness?
Cuando practicamos mindfulness, observamos nuestros pensamientos, emociones, sensaciones corporales y aquello que ocurre a nuestro alrededor sin intentar cambiarlo inmediatamente.
Por ejemplo, podemos notar que estamos preocupados y, en lugar de dejarnos llevar automáticamente por esa preocupación, reconocer:
“Estoy teniendo un pensamiento de preocupación.”
Podemos notar tensión en el cuerpo sin exigirnos que desaparezca.
Podemos sentir una emoción difícil sin asumir que tenemos que actuar inmediatamente desde ella.
Ese pequeño espacio entre lo que experimentamos y cómo respondemos puede ser muy valioso.
La mente se va y eso también es parte de la práctica.
Muchas personas creen que practicar mindfulness significa conseguir que la mente deje de pensar.
Pero nuestra mente está diseñada para pensar, recordar, anticipar y analizar.
Mientras intentas prestar atención a tu respiración, probablemente aparecerá un pensamiento sobre algo que tienes que hacer, una conversación que tuviste ayer o algo que te preocupa del futuro.
Esto no significa que estés haciendo mal la práctica.
Notar que tu mente se ha ido y volver al presente es precisamente la práctica.
No buscamos una mente completamente silenciosa, buscamos desarrollar la capacidad de reconocer dónde está nuestra atención y elegir, cuando sea posible, dónde queremos dirigirla.
¿Cómo puedes comenzar?
No necesitas una hora libre, experiencia previa ni condiciones especiales. Puedes comenzar con unos pocos minutos al día.
Respiración consciente
Siéntate cómodamente y lleva tu atención a la respiración.
Observa el aire entrando y saliendo, las sensaciones del cuerpo y el ritmo de tu respiración.
Cuando aparezca una distracción, reconócela y vuelve suavemente a la respiración.
No necesitas controlar cómo respiras.
Solo observar.
Escuchar al cuerpo
En distintos momentos del día, detente durante unos segundos y pregúntate:
¿Qué estoy sintiendo en mi cuerpo ahora?
Puedes notar tensión, cansancio, calor, ligereza, incomodidad o cualquier otra sensación.
No necesitas modificarla. Primero, simplemente reconocerla.
Llevar atención a lo cotidiano
Mindfulness tampoco tiene que ocurrir sentado/a con los ojos cerrados. Puedes practicar mientras caminas, te duchas, preparas tu café o comes.
En lugar de hacer la actividad automáticamente, lleva tu atención a lo que estás experimentando: los sonidos, aromas, texturas, movimientos y sensaciones.
Lo cotidiano también puede convertirse en una oportunidad para estar presente.
¿Y si me cuesta practicar?
Habrá días en los que concentrarte resulte fácil y otros en los que tu mente parezca estar en todas partes. También habrá momentos en los que simplemente olvides practicar. Eso no significa que hayas fracasado.
En lugar de convertir mindfulness en otra obligación, puede ser más útil acercarse a la práctica con curiosidad y amabilidad.
No se trata de hacerlo perfecto, se trata de volver a la respiración, volver al cuerpo, volver a lo que está ocurriendo aquí y ahora. Una y otra vez.
¿Puede el mindfulness formar parte de la terapia?
Sí, cuando resulta adecuado para la persona y sus objetivos.
Puede utilizarse como una herramienta para desarrollar mayor conciencia de pensamientos, emociones y sensaciones, fortalecer la regulación emocional y aprender a responder de manera menos automática ante determinadas experiencias.
No todas las personas necesitan las mismas herramientas, por lo que su utilización dependerá de cada proceso y de aquello que pueda resultar más útil para ti.
Estar presente no significa estar siempre en calma
Mindfulness no promete una vida sin ansiedad, pensamientos difíciles o momentos de estrés.
La vida seguirá teniendo incertidumbre, pérdidas, cambios y situaciones que no podemos controlar. Lo que puede cambiar es nuestra manera de encontrarnos con ellas.
Practicar mindfulness nos puede enseñar a aprender a estar presentes incluso cuando la calma no está, porque el presente no siempre será fácil, pero es el único lugar desde el que podemos observar lo que nos ocurre, reconocer lo que necesitamos y elegir cómo responder, y a veces, volver al momento presente es también una forma de volver a nosotros mismos.
